No encontré mejor forma para pedirte que vinieras, que diciéndote que tenía frío.
Y tanto frío, como tanta tristeza me daba no usar como pretexto el invierno para que me abrazases toda la vida.
Y me pierdo, en ese laberinto, cuyos muros son silencios, tan altos como los kilómetros de miedo que me impiden mirarte a los ojos, por si a caso no brillan cuando me miran.
Qué putada, corazón. Qué putada. Estoy predispuesto a ser una ruina si eres tú la turista que se pasea por ella.
¿Lo entiendes? Que estoy dispuesto a consumirme, si es en tu boca.
Archivo de One Cigarette
lunes, 24 de febrero de 2014
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